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Las trompetas de Aida

Las trompetas de Aida

Las trompetas de Aida

 

La noche del 6 de julio de 2016, el claustro del Museu se convirtió en el escenario de un concierto excepcional. Volvieron a sonar, de la mano de los músicos Óscar Ortiz y David Fernández, unas trompetas que habían permanecido en silencio durante décadas, reposando en los almacenes del Museu de Menorca. Así fue como, después de un proceso de restauración, se han vuelto a oír las mismas trompetas egipcias que sonaron en algunas de las representaciones de la ópera Aida de Giuseppe Verdi en Maó durante la primera mitad del siglo XX.

Se trata de tres instrumentos muy peculiares, tres ejemplares de las que se conocen como “trompetas de Aida” o “trompetas tebanas” y que el mismo Verdi también denominaba “trompetas egipcias”.

Estos instrumentos fueron fabricados por Giovan Battista Cazzani en su taller de Milán. Cazzani era un relojero que también fabricaba y reparaba instrumentos de metal. Su hija se casó con un Rampone -heredero de un taller de instrumentos fundado a principios del siglo XIX- y juntos fundaron la casa Rampone-Cazzani en 1910. Se puede deducir, entonces, que los instrumentos conservados en el Museo debían de haberse fabricado con anterioridad a la fusión de los dos negocios.

Mediante la ficha de catálogo del Museu, se sabía que estas trompetas se utilizaron en representaciones de la ópera Aida en Teatre Principal de Maó, según había informado el historiador Andreu Murillo al anterior director del Museu, Lluís Plantalamor. Esta información ha podido contrastarse gracias a la visita de Catalina Seguí de Vidal a la exposición que se inauguró hace unas semanas. Al ver las trompetas reconoció los instrumentos que, según le había explicado su madre, se habían guardado durante años en el desván de la casa familiar -la casa Vidal del Pla des Monestir- junto con el archivo musical del Teatre Principal. Todo este material fue entregado a las instituciones públicas en los años cuarenta del siglo XX, momento en que las trompetas debieron de integrarse al fondo permanente del Museu (entonces llamado Museo Provincial de Bellas Artes y que compartía sede con la Biblioteca Pública de Maó, en el Palau Mercadal de la plaza Conquesta).

Por otro lado, la ópera Aida se representó por primera vez en Maó el 2 de febrero de 1905; aun así, esto no significa que las trompetas se utilizaran durante el estreno, puesto que se podrían haber adquirido en temporadas posteriores. Todo esto nos sirve por acotar la época en que debieron de llegar y se pudieron haber utilizado las trompetas en Menorca: en algún momento de la primera mitad del siglo XX.

En la ópera, estas trompetas se utilizan en la marcha triunfal del segundo acto. Es seguramente el fragmento más conocido y también uno de los más populares del género. La escena consta de un himno, “Gloria all’Egitto”, y cuando acaban los cánticos, entran las trompetas que presentan el tema principal de la marcha.

Si observamos el orgánico instrumental de la partitura, vemos que Verdi especificó los instrumentos que tenían que ir “sul palco”, es decir, encima del escenario. Señala que tenía que haber, entre otros instrumentos, las nuevas trompetas diseñadas exclusivamente para la ocasión. Las quería en dos tonalidades diferentes: tres trompetas en La bemol y tres en Si, de forma que podía cambiar de tono a la vez que mantenía el efecto sonoro de unas trompetas que servían para añadir el impacto dramático deseado.

El Museu conserva sólo tres, de las seis que apunta Verdi. De los tres ejemplares de Maó, dos miden 128 cm y el tercero, 153 cm (diferencia de medida que se explica por las dos tonalidades mencionadas), con un diámetro de 18,5 cm en la campana. Estas trompetas, rectas y largas, respondían así a dos objetivos: de puesta en escena y de sonoridad. Nuestra pregunta –que evidentemente se quedará sin respuesta- es ¿cuántas se utilizaron en las representaciones de Maó? ¿Falta alguna o quizás sólo debían de utilizar estas tres?

Verdi ponía mucho ahínco a la hora de orquestar y es que durante el siglo XIX los compositores se encontraban con grandes retos a la hora de ajustar el papel de la orquesta cuando se pasaba del drama a la música. En la época de Aida, Verdi dedicaba mucho tiempo a seleccionar el color instrumental adecuado y a las combinaciones de instrumentos para conseguir efectos especiales. En este caso, buscó con mucho interés unas trompetas que lo ayudaran a crear la sonoridad exótica que lo obsesionaba. Su correspondencia da fe de cómo fue el proceso.

En una carta a su editor, Ricordi, le explica lo siguiente: “Esta mañana ha habido un gran concierto de trompeta en mi estudio. Me trajeron un ejemplar de muestra y me acompañaba un gran músico, con quien probamos todos los experimentos posibles e imaginables. El tono de la trompeta recta es pulcro y atractivo. Tiene un sonido más claro que la trompeta común, pero, a pesar de que experimentamos mucho con la embocadura, el aire y la fuerza, no fue posible obtener más sonidos que el fundamental y sus armónicos [...]”. Según explicaba más adelante, esto lo decidió a utilizar dos grupos de trompetas con una tonalidad diferente, que le permitían cambiar de tono dentro de la misma obra.

Aida se estrenó al teatro del Cairo, en Egipto, el 24 de diciembre de 1871. En España, llegó poco después, al Teatro Real de Madrid el diciembre de 1874 y el 1876, en Barcelona.

En algunos lugares todavía se explica que Verdi compuso Aida para la inauguración del canal de Suez (que fue anterior al estreno de la ópera, en 1869). A pesar de que no fue así, sí que fue fruto de un encargo que quería continuar con las conmemoraciones por la apertura del canal y se representó en el gran teatro de ópera de la capital, que se había inaugurado poco antes.

Durante mucho tiempo Aida ha sido el símbolo de la ópera italiana y, hasta la época más reciente, ha sido una de las obras más representadas en todos los teatros del mundo; en el Festival al aire libre de Verona, por ejemplo, es la ópera más emblemática desde que se inauguró en 1913; también fue la ópera más popular del Liceu de Barcelona y del Teatro Real de Madrid durante la primera mitad del siglo XX.

En Mahón, durante la época de los Amics de s’Òpera, que representa la historia reciente del género operístico en la isla, Aida se ha programado en las temporadas de 1979, 1987 y 1998.

A pesar de esta trayectoria, en la actualidad es un título que ha perdido puntos en su valoración y que es más difícil de programar en teatros modestos, puesto que hoy en día las exigencias técnicas para la puesta en escena son mucho más complejas, con la voluntad de escapar de la imagen pasada de moda del cartón-piedra.

 

Representación de Aida en Maó, 1998 (fotografía: Amics de s’Òpera de Maó)

 

Como hemos señalado más arriba, a pesar de que no se puede precisar exactamente el año en que se utilizaron las trompetas que custodia el Museu, sí que podemos recoger algunos datos que nos servirán para conocer el contexto en que se escucharon.

Aida no llegó a nuestra isla hasta el 5 de febrero de 1905. Habían pasado más de tres décadas desde su estreno en Egipto. Es muy curioso este retraso y no lo podemos dejar de señalar, puesto que, en Menorca, las óperas podían llegar, cuando interesaba, muy poco tiempo después del estreno absoluto.

¿Qué hacía que el público menorquín pudiera disfrutar de las novedades al mismo tiempo que otras ciudades de España o de Italia? Entre muchos otros aspectos, como por ejemplo la demanda de un público con una extensa cultura musical y una tradición operística que arrancaba desde principios del siglo XIX, se encontraba la existencia de unas buenas conexiones marítimas que facilitaban el contacto y el intercambio comercial con multitud de ciudades españolas, francesas e italianas.

En el caso de la ópera, las partituras se podían comprar directamente en Italia y los cantantes procedían de allí en la mayoría de ocasiones. En el archivo musical del Teatre se conserva un legajo con las partituras de Aida y llevan el sello de una tienda de instrumentos de Milán. ¿Podríamos pensar que aprovecharon el viaje y compraron las trompetas allí mismo? No sería ningún disparate pensar así, puesto que en esta época todavía el transporte en barco era muy eficaz y Menorca estaba mejor conectada con el resto de Europa que cualquier gran ciudad de la Península.

En la temporada que se vio el estreno de Aida, la empresa de ópera estaba formada por varios socios maoneses. Nos faltan algunos nombres, pero seguramente en aquella empresa también participaba Joan de Vidal, nombre que aparece documentado en la temporada posterior y cuya familia ya hemos visto que custodiaba el archivo musical y las tres trompetas que hoy nos ocupan.

Aquella temporada, que arrancó a principios de noviembre de 1904 y se cerró el 7 de marzo de 1905, contó con doce títulos operísticos y un total de ochenta y cuatro representaciones.

¡¡¡Ochenta y cuatro!!! (Ochenta y nueve, si añadimos los conciertos). Haciendo cuentas, veremos que esto da una media de cinco o seis funciones por semana. Son unos números que por sí solos ya dan fe de la fuerza del género operístico en la capital menorquina a principios del siglo XX.

Aida tuvo mucho éxito entre el público menorquín desde el comienzo, puesto que se representaba una docena de veces por temporada, mientras que la mayoría de títulos oscilaban entre cinco y siete funciones. Aida se siguió programando en casi todas las temporadas que hubo ópera hasta mediados de siglo XX.

Después de los datos que hemos visto, surge una pregunta inevitable: ¿cómo debían de sonar las óperas de la época? Hoy en día estamos acostumbrados a producciones que casi rozan la perfección y cuentan con grandes profesionales, cantantes y músicos, directores de escena, de coro y de orquesta que trabajan con mucho esfuerzo. ¿Podía hacer lo mismo una compañía que representaba una docena de títulos y noventa funciones en sólo cuatro meses? ¿Y una orquesta formada por músicos aficionados de la isla y algún refuerzo de fuera? Seguro que no.

En la crítica de la primera función, en el diario El bien público, se hace eco de los decorados, hechos deprisa y corriendo y de la poca inversión que se hizo en vestuario. Nos llama la atención cuando comentan que: “La función del domingo [la primera de Aida] fue un ensayo general”, es decir, que ¡todavía no lo habían acabado de preparar y ya empezaban con las primeras funciones! Aun así, parece que hubo un generoso aplauso pero, según advierte el cronista: “No deben fiarse los artistas de tales demostraciones abandonando el estudio”. Fijémonos cómo ha cambiado el concepto de actuación en directo en pocas generaciones. Hoy en día esto sería impensable, solo vamos a una función y esperamos de ella que sea casi perfecta. En aquella época todavía había la costumbre de ir no a algunas, sino a todas las representaciones, ya fueran diez como quince, con el aliciente de que, a medida que pasaban los días, el resultado era cada vez mejor, puesto que los cantantes y músicos se habían aprendido sus papeles y ya dominaban los movimientos de escena. Cuando menos, curioso...

En una situación como esta es donde sonaron las trompetas del Museu que, ahora sí, son un testimonio vivo de la historia de la ópera en Menorca.

Laura Triay Tudurí

 

Bibliografía:

El Bien Público, Mahón, imp. de M, Parpal (1873-1939). Consulta febrer de 1905.

ALIER, Roger, Guía Universal de la Ópera, col. Ma non troppo, ed. Robinbook, Barcelona 2001.

CORDELL, Tim, “Orchestration” (15 octubre de 2013). Consultat 1 juliol 2016, a http://www.music.cord1.net/Aida/AidaOrch.htm

HERNÁNDEZ SANZ, Francisco, El Teatre Principal i l’òpera a Maó, col. Obres completes, vol. III, Maó, Ajuntament de Maó-Institut Menorquí d’Estudis, 2001.

TRIAY TUDURÍ, Laura, L’òpera a Maó (Menorca) durant el segle XIX: catàleg del fons d’òpera “Teatre Principal” conservat a l’Arxiu Històric Provincial de Maó i l’Arxiu Municipal de Maó, 2004.

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